SIN TITULO, acrílico sobre tela, 140 x 220 cm
SIN TITULO, acrílico sobre tela, 140 x 220 cm

 

 

 

Über die Malerei von Orias 

 

 

 

 

Dr. Romana Breuer 

 

 

Ein weißes Blatt. Eine leere Leinwand. Anfangen.
Aus dem Dunkeln kommen Motive empor, werden auf dem Zeichen- oder Malgrund zu Menschen, Tieren und Pflanzen, zu Menschen mit Tierkörpern oder Pflanzen, die sich wie Tiere bewegen – ein Bild wächst. Es gebiert sich quasi selbst aus allem, was denkbar, fühlbar und erinnerbar ist. Eine Bildschöpfung von Osvaldo Orias entsteht. ‚Schöpfung’ ist hier ganz wörtlich zu verstehen, denn die Komposition entsteht nicht in einer gedanklichen Vorab-Konstruktion sondern spontan im Dialog mit Farbe und Form. Und dieser Dialog ist vielschichtig: Eher abstrakte Fläche korrespondieren mit den figürlichen Leibern, bedingen einander aber auch. Denn diese ‚Abstraktion’ ist keine geometrisch-reduktive: Stilisierte Figürlichkeit verweist auf eine prähistorische Tradition oder lässt diese zumindest durchscheinen und erahnen.

 

 

 

Gespeist werden die Motive Osvaldo Orias aus seinem Empfinden und Erleben, bewussten und unbewussten Vorgängen, und – in besonders hohem Maße – aus seiner Erinnerung. Es ist die Erinnerung an seine Heimat Costa Rica. Existenzielle Naturerlebnisse seiner Kindheit und Jugend – der warme goldfarbene Mond, die gläserne Klarheit des Himmels, die laute Schwärze des Waldes – haben sich als Bilder tief in das Gedächtnis eingegraben und kommen nun, gebannt in Farbe und Form, wieder hervor.
Und immer wieder die Zeugen einer noch länger zurückliegenden Zeit: Fundstücke wie Fragmente präkolumbianischer Kultgegenstände begleiten seine Kindheit genauso, wie der durch den Vulkanismus unterschiedlich kristalline Sand – ‚3 x sieben’ meint hier auch ‚feiner Sand’.

 

 

 

Entsprechend der Charakteristik des entstehenden Motivs variiert Osvaldo Orias die Technik. Es wird geschichtet, gestreut und gekratzt. Es wird mit Pinseln oder Fingern aufgetragen und bearbeitet, die Ölfarbe mit Metallspänen zum Glitzern und mit schwarzem Sand zum Schweigen gebracht, mit weißem Sand überzuckert und mit winzigen weißen Muscheln wieder konkretisiert. Das Material steht in eben solchem Maße im Dienste der Erinnerung wie das Formen- und Farbarsenal. Die vielen Schichtungen verweisen nochmals auf den Charakter der Bildschöpfung: Analog zum Wirken der Natur lagern sich im Bildkörper Gedanken und Empfindungen ab. Besonders deutlich wird dies anhand der Ritzungen, die an manchen Stellen wie Verletzungen des Bildkörpers wirken. Schmerzhafte Erinnerungen? Die Frage bleibt offen. Sie sind weitere bildsprachliche Mittel, die auf die enge Verbindung zwischen Geist und Hand verweisen – als persönliche Sedimente, die in allgemeingültige Botschaften überführt wurden, als signifikante Zeichen, die überpersönlich und überkulturell deutbar sind. Doch manchmal bleiben sie rätselhaft und lassen bloß ein vages Gefühl der Vertrautheit zurück. Malen gegen die Zeit.

 

 

 

 

 

 

Pantera, Akrylfarbe auf Leinwand, 140 x 220 cm, 2013
Pantera, Akrylfarbe auf Leinwand, 140 x 220 cm, 2013

 

 

 

 

 

El pintor Osvaldo Orias, nacido en Costa Rica pero nacionalizado alemán, sintetiza en su obra los dispares influjos de los años latinomericanos de su juventud y los europeos de su adultez.

 

De la academia de artes de San José hasta la academia de Düsseldorf, bajo la dirección de su maestro A. R. Penck., Orias evolucionó desde un arte ligado a una relación cósmica de los hombres con la naturaleza y el mundo, a una impregnada de las angustias y esperanzas de los hombres del siglo XXI, que ya se intuyen condenados al fracaso en el amor y en el conocimiento.

 

Notoria es la influencia en el artista del extraordinario arte precolombino de Nicoya y su poderosa simbología de dioses mezclados con hombres, animales y vegetales que intentan resolver los enigmas de porqué el universo es como es y qué se debe hacer en él.

 

A diferencia de las culturas cristianas occidentales, la justicia y no la piedad es la ley de este mundo; parte de la fuerza expresiva de la pintura de Orias viene de este poderoso mundo pagano, exuberante, violento y maravilloso.

 

Mucho del aspecto técnico de su pintura viene de la cerámica de Nicoya, como sus ocres, el esgrafiado y las incisiones, lo que le da un aspecto materico característico a su obra.

 

Los años alemanes suman un nuevo aspecto: el desesperanzado mundo europeo, los últimos hombres, la expulsión de lo maravilloso en favor de lo manipulable. Aquí Orias conoce el neo expresionismo con su profesor A. R. Penck en Düsseldorf, que le ayuda a ir acercando ambos mundos.

 

El fondo de sus pinturas siguen siendo sus colores, apabullantes de pura fuerza que se mueven en la tela  como bajo un ritmo, pero las figuras se van haciendo cada vez más abstactas. Siempre se sigue viendo ese fondo silencioso, como el de la aparición de algo sagrado, pero la actitud es menos dulce, menos enternecida, más escéptica.

 

El antiguo mundo precolombino que vive brillante en la infancia del artista fué prácticamente exterminado de golpe en su esplendor por la invasión española y permanece bello, poderoso y lejano pero como el cadáver embalsamado de un jóven guerrero; el nuevo, de Europa, ha comenzado el espectáculo de su lenta y noble agonía.

 

Hoy Orias ha creado una obra donde viven ambos mundos. Mucho del ansia por lo real aparece con el uso de materias orgánicas como la arena mezclada con pintura o arrojada sobre la tela viva, o la búsqueda de formas expresivas universales que se pueden ver en piedras, hojas, estrellas, cuerpos humanos y animales, en que todas las culturas han intentado captar el ritmo, el rastro, la marca de lo existente aún antes que se lo llamara arte.

 

La angustia en la vida contemporánea, la claridad de su fracaso en la búsqueda de un mundo feliz y solidario entran en la obra de Orias e irrumpen en ese fondo del idealizado mundo antiguo y maravilloso.

 

No hay trampas en la obra de Orias; no son experimentos, ni trabajos abandonados a la paciencia del espectador, ni alegorías infantiles disfrazadas de profundos enigmas a ser descifradas por críticos cómplices. Orias pinta tal como lo espera un amante del arte: sin compromisos, profundo, asombroso, brillante.

 

Sergio Correa

 

 

 

 

Dr. Romana Breuer 

Museo Zündorfer Wehrturm, Colonia

 

La pintura de Orias

 

Una hoja blanca. Un lienzo vacio. Empezar. De lo oscuro surgen motivos que através del dibujos o de la base pictórica llegan a ser personas, animales y plantas; seres con cuerpo animal o plantas que se mueven como animales: una pintura se despliega.  Se crea asi misma de todo aquello que es pensable, sentido o recordado. La creación de Osvaldo Orias aparece. „Creación“ entendida aquí en su real sentido, ya que la composición no surge de acto intelectual construido sino espontáneamente en el dialogo entre color y forma. Dicho dialogo es complejo: superficies mas bien abstractas se corresponden con cuerpos figurativos, complementandose mutuamente. Esa abstracción no es una reducción geomética: la figuración estilizada  recuerda una tradición prehistórica, o almenos ésta queda sugerida.

 

Los motivos de Osvaldo Orias se nutren de lo vivido y sentido,  de concientes y subconcientes operaciones y de primordial manera de sus recuerdos. Recuerdos de su tierra Costa Rica. Experiencias existenciales de su ninez y adolecencia – la cálida luna dorada, la claridad cristalina del cielo, el resonante tono negro del bosque – se impregnaron profundamente como imágenes en su memoria para resurgir en mágicas  formas y colores.

 

Y sumado a ésto los testigos de un tiempo lejano quedado atrás: fragmentos de piezas prehispánicas que le acompanaron tambien en su ninez junto a diferentes arenas volcánicas, fina arena.  En acorde con las caracteristicas de sus motivos el artista varía tambien su tecnica.  Empasta, esparse, raya. Se utiliza tanto el pinsel, como la espátula o las manos; el oleo se le arroja polvo metálico para brillar o con arena volcanica negra para silenciarlo. El material presta su servivio al recuerdo tanto como las formas y el fuerte colorido.

 

La cantidad de superficies que quedan muestra una vez más el caracter de su creación. Analogo al actuar de la naturaleza se acumulan en la materia del cuadro pensamientos y sentimientos. Ello se manifiesta claramente en algunos rasgados que parecen heridas en la materia del cuadro.

Acaso recuerdos dolorosos? Pregunta que queda abierta. Son medios pictoricos que senalan una fina relación entre mente y mano – como un sedimento personal, que ha sido trasportado como un valido mensaje, como signos significantes, que son universalmente claros. Y apesar de ello quedan aveces misteriosos y lejanos. Pintar contra el tiempo.

 

 

 

 

 

 

Chamán, Öl auf Leinwand, 50 x 120 cm, 2005
Chamán, Öl auf Leinwand, 50 x 120 cm, 2005

 

 

 

Carlos Müller

 

Osvaldo Orias hat seine familiären Wurzeln im Norden Costa Ricas.
Die trocken-heiße Landschaft von Guanacaste an der Grenze zu Nicaragua
ist von einem bizarren tropischen Trockenwald  bedeckt: eine einzige Inspirationsquelle für den Maler Orias. In dem faszinierenden Land mit seinen vielen Tierarten siedelten in vorspanischer Zeit zahlreiche indianische Völker. Noch heute finden sich immer wieder verzierte Gebrauchsgegenstände und Schmuckstücke dieser Kulturen, meist aus Keramik, welche als Grabbeigaben gedient haben. In Orias’ Malerei kehren viele der präkolumbianischen Motive in abgewandelter Form wieder. Auch Masken findet man hier, ebenso Pflanzenornamente sowie traditionelle und verfremdete Tiersymboliken. Zugleich hat den Maler jedoch deutlich die westlich-moderne Tradition geprägt: sowohl in San José wie auch hier in Deutschland. In seinen Bildern führt Osvaldo Orias diese beiden Welten zusammen, das archaische Amerika und die universelle Moderne.

 

 

 

 

 

Bienenkönigin, Öl auf Leinwand, 50 x 70 cm, 2004
Bienenkönigin, Öl auf Leinwand, 50 x 70 cm, 2004

 

 

 

 

 

Jutta Czapski

 

Über die Bienenkönigin

 

"wie eine Tänzerin erscheint die Bienenkönigin aus einer anderen Dimension.
In vibrierenden gelb/rot-Tönen offenbart sie sich dem Betrachter und bleibt
doch zugleich unendlich fern als weilte sie nicht hier.
Die Intentionalität des Bildes ist nicht die einer Enthüllung sondern der
Suche: ein Gang zum Unsichtbaren, als wollte der Maler etwas über das Wesen
der Liebe erzählen, über ihre Weise, sich in einem Niemandsland zu halten.
In Gestalt der Bienenkönigin löst sich das wesentlich Verborgene der Liebe
in Ausstrahlung auf, als werfe sie sich gegen das Licht ohne zu bedeuten.
Zurück bleibt ein Gefühl von Verwundbarkeit und Schönheit, dessen Geheimnis
gewahrt bleibt in Gestalt der Bienenkönigin."